Riesgos legales derivados del uso de tecnologías que permiten leer la mente

Tecnologías emergentes Tiempo estimado de lectura: 17 minutos

Hace poco leí un artículo (aquí la versión oficial) que informaba que los científicos se encuentran a un paso de leer la mente. Investigadores de la Universidad Carnegie Mellon han identificado los patrones cerebrales que participan en la formación de los pensamientos en nuestro cerebro (el artículo original fue publicado en Human Brain Mapping).

Sucede que mientras elaboramos oraciones nuestras ondas cerebrales forman ciertos patrones visibles a través de resonancia magnética. Si asociamos tales patrones cerebrales con la oración que hemos creado se puede elaborar un diccionario que refleje dicha correspondencia. Leyendo únicamente los patrones sería posible conocer la frase que la persona ha creado. En el artículo referido se cuenta que un algoritmo creado por científicos ha sido capaz de adivinar con un 87% de exactitud la frase pronunciada por una persona analizando – única y exclusivamente- las ondas cerebrales de su cabeza captadas por resonancia magnética.

Me quedé gratamente impactado con la noticia puesto que se trata de un logro real de la ciencia y no de una película de ciencia ficción. Sin embargo, poco después, no pude dejar de imaginar una serie de riesgos o problemas legales que podrían llegar a producirse por el uso de esta tecnología, especialmente, en materia de privacidad, intimidad personal y familiar, propiedad intelectual e industrial, validez de contratos, otorgamiento de testamentos, y derecho procesal probatorio.

Fue así que decidí estudiar mejor el tema y llegué a dar con el fascinante libro El futuro de nuestra mente del científico norteamericano Michio Kaku. Kaku explora los límites de la neurociencia en base a los últimos avances e investigaciones sobre la materia. Para ello presenta escenarios reales y sugiere que algún día llegaremos a tener una “pastilla inteligente” que incrementara nuestro conocimiento, que podremos llegar a “cargar” nuestro cerebro en un ordenador, que lograremos “enviar” nuestros pensamientos y emociones de un lugar a otro del mundo de través de un “internet de la mente”, que podremos “controlar” ordenadores y robots con el pensamiento, y que –muy probablemente- lograremos “rebasar” los límites de la inmortalidad.

El objeto de este post es comentar las implicaciones legales derivadas del uso de las nuevas tecnologías de la neurociencia orientadas a la telepatía, es decir, dirigidas a leer y registrar los pensamientos y las emociones de las personas físicas. Pero antes, corresponde hacer una breve presentación de cuáles son las características y bondades que reportan al ser humano estas tecnologías. Para ello me baso en el trabajo de Kaku.

Tecnologías que permiten leer palabras y números, y registrar pensamientos y emociones

Las tecnologías actuales orientadas a la telepatía (a leer la mente de los demás y a registrar sus pensamientos y emociones) que existen hoy en día son las siguientes:

1) Tecnologías basadas en escáneres de electroencefalografía

Está comprobado que el cerebro es eléctrico. Por ello, cuando los electrones que oscilan en el interior del cerebro se aceleran y emiten radiación electromagnética, es decir, producen ondas de radio (las ondas cerebrales). Dado que las señales de radio se degradan bastante rápido cuando salen del cerebro, resultan demasiado difusas y débiles para que alguien que estuviese a más de un par de metros de distancia pueda detectarlas. Incluso, si pudiese hacerlo, sería muy difícil que pueda interpretarlas.

Si bien nosotros no podemos descifrar y comprender el significado de este conjunto de señales de radio, los ordenadores sí pueden. Y una forma es conectarlos a cascos provistos con sensores que operan como escáneres electroencefalográficos.

¿Cómo funciona? El sujeto se coloca un casco con sensores de electroencefalografía y se concentra en determinadas fotografías (por ejemplo, la imagen de una casa). Después se graban las señales en un electroencefalograma para cada imagen, a partir de las cuales se genera un rudimentario diccionario de pensamientos, con una correspondencia unívoca entre los pensamientos de la persona y la imagen del electroencefalograma. Entonces, cuando se muestra al sujeto una fotografía de otra casa, el ordenador consigue reconocer que el patrón del electroencefalograma es el correspondiente a una casa.

La debilidad de esta tecnología, como se pueden inferir, es que las ondas electromagnéticas se deterioran cuando atraviesan el cráneo, por lo que es difícil localizar su origen con precisión.

Electroencefalografía

Electroencefalografía

2) Tecnologías basadas en resonancia magnética

Estas tecnologías persiguen descodificar los patrones de las imágenes obtenidas por resonancia magnética de nuestro cerebro.

Resonancia Magnética

Resonancia Magnética

Dos son las técnicas de resonancia magnética:

2.1) Técnica para identificar las imágenes que una persona ve o imagina

Inventada por el doctor Jack Gallant y su grupo de investigación de la Universidad de California en Berkeley esta técnica permite reconstruir imágenes y grabarlas a partir de un escáner cerebral. Con ella se logra grabar en vídeo los pensamientos de una persona.

¿Cómo funciona? Mientras un sujeto tumbado ve vídeos una máquina de imagen por resonancia magnética cubre su cabeza con el fin de crear una imagen tridimensional del flujo sanguíneo del cerebro. La imagen obtenida parece un enorme conjunto de puntos o vóxeles. Cada vóxel representa un punto de energía neuronal, y su color depende de la intensidad de la señal y del flujo sanguíneo. Los puntos rojos representan lugares de gran actividad neuronal; mientras que los azules son puntos de menor intensidad (la imagen final se asemeja bastante a miles de luces de Navidad que recrean la forma del cerebro). Cuando la persona visiona los vídeos, el cerebro concentra la mayor parte de su energía mental en la corteza visual, situada en la parte posterior.

Gallant y sus colegas han creado una fórmula matemática –que se refina continuamente- que permite encontrar relaciones entre determinadas características de una imagen (los bordes, las texturas, la intensidad, etc.) vista y los vóxeles de la imagen por resonancia magnética. Lo que hace esta fórmula es convertir un conjunto de vóxeles de imagen por resonancia magnética en una imagen y, viceversa, a partir de una imagen obtener los vóxeles de imagen por resonancia magnética.  Cuentan con un archivo de imágenes reales y vóxeles con las respectivas correspondencias.

En definitiva, se trata de una técnica que permite descodificar lo que estamos viendo (e incluso también permite descodificar imágenes que circulan por nuestra mente que no estamos viendo aunque sí imaginando). El objetivo perseguido es crear un diccionario preciso que permita establecer la correspondencia entre un objeto del mundo real y el patrón cerebral de la imagen por resonancia magnética.

2.2) Técnica para reconocer los números que una persona está viendo

Empleada por el doctor Stanislas Dehaene y su equipo del Collége de Francia, esta técnica permite descifrar el número que una persona está viendo a partir de imágenes de resonancia magnética de su lóbulo parietal.

Dehaene señala que si tomamos 200 vóxeles en esta zona del cerebro, y miramos cuáles de ellos están activos y cuáles inactivos, podemos construir un dispositivo de aprendizaje automático que descodifique el número que se tiene en la memoria (esto último se parece al avance logrado por los investigadores de la Universidad Carnegie Mellon cuyo trabajo cité al inicio de este post).

Hoy las máquinas de resonancia magnética son enormes debido a que necesitan un gran imán para lograr una buena resolución de la imagen final. Actualmente los científicos trabajan en la creación de una máquina de imagen por resonancia magnética portátil y del tamaño de un teléfono móvil (imagina algo como el tricorder de Star Trek). Y ya hay avances al respecto: el doctor Bernhard Blümich y sus colegas alemanes han creado un aparato de imagen por resonancia magnética que es del tamaño de una maleta convencional.

3) Tecnologías basadas en la electrocorticografia (ECOG)

Utilizada por el doctor Brian Pasley y sus colegas de la Universidad de California en Berkeley y por científicos de la Universidad de Utah esta tecnología permite identificar palabras en el interior de la mente.

Si bien se trata de una tecnología mucho más precisa que la electroencefalografía tiene la desventaja que para utilizarla es necesario abrir una parte del cráneo del paciente a fin de colocar una malla o rejilla con electrodos directamente sobre el cerebro. Este procedimiento se ha realizado durante operaciones de cirugía craneal a pacientes epilépticos que sufrían de fuertes ataques.

¿Cómo funciona? Cuando los pacientes oyen distintas palabras, las señales de su cerebro u ondas cerebrales atraviesan los electrodos y se graban. Con el tiempo, se crea un diccionario de correspondencias entre las palabras y las señales que emanan de los electrodos conectados al cerebro. Posteriormente, cuando se pronuncia una palabra, se puede observar el mismo patrón eléctrico. Esta correspondencia supone también que si pensamos en determinada palabra el ordenador puede recoger las señales características e identificarla.

Entre los usos específicos de esta tecnología se encuentran:

  • Permitir a las víctimas de derrames cerebrales que están completamente paralizadas ser capaces de “hablar” a través de un sintetizador de voz que reconozca los patrones cerebrales de cada palabra.
  • Permitiría también a las víctimas de enfermedades paralizantes, como la esclerosis lateral amiotrófica, hablar utilizando esta técnica de comunicación entre cerebro y ordenador.
  • Nos permitiría mantener una conversación de modo telepático.

Un uso diferente de esta tecnología ha hecho el doctor Jerry Shih, quien ha aplicado sensores de electrocorticografía a pacientes epilépticos con el fin de que aprendan a escribir con la mente. Para ello, se le muestran al paciente una serie de letras y se le dice que se concentre en cada símbolo. Al igual que en los casos anteriores, una vez que se ha creado el diccionario unívoco, es fácil lograr que, cuando la persona piense en la letra, esta aparezca en la pantalla de ordenador, utilizando únicamente el poder de la mente.

El aparato creado por Shih permite escribir las palabras que los pacientes piensen. Actualmente trabaja para crear una máquina que permita hacer lo mismo con grabar imágenes. Cuando esto se logre la tecnología podría tener aplicaciones para artistas y arquitectos.

Electrocorticografia

Electrocorticografia

4) Tecnologías que persiguen transmitir conversaciones completas

Subimos un nivel de complejidad al asunto y ahora hablamos de una tecnología en fase de experimentación. Ella persigue transmitir conversaciones enteras (no solo palabras, números o imágenes aisladas) lo cual aceleraría la transmisión telepática.

Ya sea utilizando señales electroencefalográficas, de imagen por resonancia magnética o electrocorticografía, el reto a superar consiste en poder identificar las señales u ondas cerebrales de varios cientos de palabras concretas. Cuando ello se logre podremos transmitir rápidamente las palabras que se utilizan en una conversación típica. Así, pensaríamos en las palabras que componen frases o párrafos enteros de una conversación y el ordenador las reproduciría.

Los usos de esta tecnología experimental se pueden imaginar:

  • Podría ser muy útil para blogueros, periodistas, escritores, novelistas y poetas, ya que les bastaría con pensar para que su ordenar tomase nota del dictado (Michio Kaku dice que el ordenador se convertirá en un “secretario mental”).
  • Permitiría a los músicos tararear unas pocas melodías en su cabeza para que el ordenador las reproduzca en notación musical (previamente habría que generar un diccionario).
  • Permitiría crear cascos de telepatía para que los soldados pudieran comunicarse mentalmente con su pelotón en medio del ruido y del estruendo de las ametralladoras, granadas y otras armas ensordecedoras en una guerra (el doctor Gerwin Schalk trabaja actualmente en la creación de estos cascos utilizando tecnología de electrocorticografía).

5) Tecnología de magnetoencefalografía

Tecnología explorada por el doctor David Poeppel. Se trata de una tecnología menos invasiva que la electrocorticografia ya que utiliza pequeñas descargas de energía magnética para crear cargas eléctricas en el cerebro, en lugar de electrodos. Este método permite medir con precisión la actividad neuronal de corta duración, a diferencia de los escáneres de imagen por resonancia magnética, que son más lentos.

Poeppel ha logrado registrar la actividad eléctrica en la corteza auditiva cuando las personas piensan en determinadas palabras en silencio. Complementa su trabajo con la tecnología de magnetoencefalografía  con el uso de sensores de electroencefalografía.

Magnetoencefalografía

Magnetoencefalografía

6) Tecnología que utiliza nanosondas en el cerebro

Nos movemos ahora en el terreno de la nanotecnología. Se trata de insertar en el cerebro nanosondas, hechas de nanotubos de carbono, con el fin de poder acceder a nuestros pensamientos.

¿Cómo funciona? Las nanosondas se colocarían mediante microcirugía en las diferentes áreas del cerebro dedicadas a determinadas actividades. Así, por ejemplo, para captar el habla y el lenguaje en lóbulo temporal izquierdo; para procesar las imágenes visuales, habría que ubicarlas en el tálamo y en la corteza visual; para detectar las emociones, se situaría en la amígdala y en el sistema límbico. Las señales de estas nanosondas se enviarían a un ordenador que las procesaría y remitiría por conexión inalámbrica a un servidor, y de ahí a internet. Como las nanosondas son minúsculas resultarían invisibles para el mundo exterior por lo que no provocarían un eventual ostracismo social.

Nanosondas

Nanosondas

Problemas legales

La utilización de las tecnologías mencionadas puede generar ciertos problemas legales. He identificado cinco problemas concretos, los cuales están relacionados con la privacidad y la protección de datos personales, la intimidad personal y familiar, el derecho procesal probatorio, la validez de los contratos y testamentos, y la propiedad intelectual e industrial.

1) Problemas relacionados con la privacidad y la protección de datos personales

¿Qué pasaría si se pudiese acceder a nuestros pensamientos utilizando un dispositivo remoto a distancia y en secreto? En un escenario cómo este ¿podríamos evitar la filtración no autorizada de información personal?

Para abordar este problema corresponde preguntarse primero si las ondas o señales cerebrales son datos personales. En Derecho español los datos personales de las personas físicas forman parte de la intimidad personal y familiar, y por esa razón su protección ostenta rango de derecho fundamental (artículo 18.4 de la Constitución). El Tribunal Constitucional ha declarado que el derecho a la protección de datos personales se corresponde con el derecho a la privacidad, lo que implica la facultad de controlar y disponer sobre su uso y destino con el propósito de impedir su tráfico ilícito y lesivo para la dignidad y derecho del interesado (sentencia del Tribunal Constitucional 292/2000, de 30 de noviembre de 2000).

Por su parte el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), actualmente en vigor aunque aplicable a partir del 25 de mayo de 2018, define los datos personales como toda información sobre una persona física identificada o identificable (el “interesado”), entendiendo por persona física identificable a toda persona cuya identidad pueda determinarse, directa o indirectamente, y en particular mediante un identificador (como un nombre, un número de identificación, datos de localización, un identificador en línea), o mediante uno o varios elementos propios de la identidad física, fisiológica, genética, psíquica, económica, cultural o social de dicha persona (artículo 4.1 del RGPD).

De esta definición se desprende que se ha adoptado un concepto amplio de dato personal (“toda información”) y que para que un dato personal goce de protección jurídica es necesario, además de que se refiera a una persona física, que la identifique o la haga identificable. Por tanto, a la información anónima (es decir, información que no guarda relación con una persona física identificada e identificable) y a los datos convertidos en anónimos (es decir, datos que no permitan identificar al interesado) no se les aplican los principios de la protección de datos personales (considerando 26 del RGPD).

El Dictamen 4/2007 del Grupo de Trabajo del artículo 29 o de protección de las personas en lo que respecta al tratamiento de datos personales resalta que la información debe poder vincularse a una persona física para que pueda considerarse que hay tratamiento de datos personales sometido a la normativa. Ahora bien, se entiende por tratamiento de datos la operación realizada sobre datos personales, ya sea por procedimientos automatizados o no, como son: la recogida, el registro, la organización, la estructuración, la conservación, la adaptación o modificación, la extracción, la consulta, la utilización, la comunicación por transmisión, la difusión o cualquier otra forma de habilitación de acceso, cotejo o interconexión, limitación, supresión o destrucción (artículo 4.2 del RGPD).

Hay que resaltar además que el RGPD otorga una protección especial a determinadas categorías de datos (como sucede con los datos genéticos, biométricos y relativos a la salud) por considerarlos especialmente sensibles debido a que conforman el núcleo de la personalidad jurídica o tiene que ver con circunstancias físicas, psíquicas o de la salud de la persona a la que se refieren.

Los datos genéticos son relativos a las características genéticas heredadas o adquiridas de una persona que proporcionan información sobre su fisiología o salud (artículo 4.13 del RGPD); los datos biométricos son relativos a las características físicas, fisiológicas o conductuales de una persona que permiten identificarla, como es el caso de las imágenes faciales o los datos dactiloscópicos (artículo 4.13 del RGPD); y los datos relativos a la salud se refieren a la salud física o mental de una persona que revelen información sobre su estado de salud (artículo 4.13 del RGPD).

Dicho todo lo anterior: ¿Son las ondas cerebrales datos personales? Teniendo en cuenta lo establecido por el RGPD las ondas cerebrales parece que no pueden considerarse un dato personal “per se”. Y esto es así porque las ondas cerebrales no necesariamente recogen una información que permita identificar indiscutiblemente a la persona física de donde surgen (sería el caso de las ondas cerebrales que representan objetos físicos que nada tienen que ver con la persona en cuestión). Ahora bien, la situación será distinta si las ondas cerebrales captadas y registradas permitieran crear un diccionario íntimo de la persona física que facilite identificarla, sin lugar a dudas. En este último caso las ondas cerebrales actuarían como un “identificador”, en cuyo caso sí podríamos hablar de datos personales.

Ricardo Oliva

2) Problemas relacionados con el derecho a la intimidad personal y familiar

Surge el riesgo de que se puedan leer y registrar a distancia nuestros pensamientos sin nuestra autorización. En un entorno tecnológico como este: ¿Cómo podríamos mantener en privado nuestros pensamientos más importantes? ¿Sería posible evitar que nuestras ondas cerebrales puedan ser escuchadas y descifradas por facinerosos? ¿Llegaremos algún día a hablar espionaje “mental” como hoy en día se habla de espionaje empresarial (artículo 278.1 del Código Penal)?

Estos riesgos se relacionan con el derecho a la intimidad personal y familiar (artículo 18.1 de la Constitución española) y podrían provocar una intromisión ilegítima en el ámbito de su protección. El artículo 7 de la Ley de Protección Civil de Derechos al Honor, Intimidad Personal y Propia Imagen lista los actos de intromisión ilegítima o de vulneración del derecho de intimidad los cuales podrían agruparse en dos categorías: actos de intrusión en la vida privada (como la instalación de aparatos de escucha, de filmación, de dispositivos ópticos o de “cualquier” otro medio “apto” para grabar o reproducir conversaciones privadas), y actos de divulgación pública de hechos privados cuando menoscaben la dignidad de la persona.

Toda la información proveniente de nuestras ondas cerebrales será algún día completamente almacenada, registrada y descodificada, gracias a estos avances científicos. Por tanto, existe el riesgo que nuestra información íntima se pueda utilizar y difundir sin haberlo autorizado. Hablaremos así de la necesidad de la adopción de medidas técnicas de seguridad para evitar el espionaje mental y de la comisión de un delito de descubrimiento y revelación de secretos (artículo 197.2 del Código Penal) o –acaso- de un delito de intrusismo informático o hacking (artículo 197 bis del Código Penal).

3) Problemas relacionados con el derecho procesal probatorio

Imaginemos que somos detenidos y que tenemos que prestar declaración ante la Policía. ¿Podrían las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estados leer nuestros pensamientos mientras nos interrogan? ¿Se aceptaría esto como prueba válida en un juicio?

A través de una lectura de nuestra mente Hacienda podría llegar a imponernos una sanción bajo el argumento que la verdadera intención “económica” perseguida con la realización de una determinada operación era evadir el pago de impuestos. ¿Es lícita esta prueba?

Actualmente el artículo 11.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial consagra que la prueba obtenida de modo ilícito es nula al establecer que “no surtirán efecto las pruebas obtenidas, directa o indirectamente, violentando los derechos o libertades fundamentales”. Y los derechos a la privacidad y a la intimidad familiar y personal, que están en juego aquí son, precisamente, derechos fundamentales. ¿O, acaso, habrá que replantear el contenido esencial de estos derechos fundamentales así como reformular el derecho del imputado a no autoincriminarse?

Sobre este tema, recomiendo la lectura del artículo de Alejandro Sánchez del Campo “Explorando la mente de un criminal“.

4) Problemas relativos a la validez de los contratos y testamentos de las personas paralíticas

Pongámonos frente a una persona completamente paralítica pero con sus facultades mentales intactas: ¿Sería válido su testamento redactado a partir de la información extraída de su cabeza usando un escáner cerebral? ¿Podría firmar válidamente un contrato de mandato para la gestión de sus bienes redactado a partir de la información proporcionada por sus ondas cerebrales?

Cuando las tecnologías mencionadas se sofistiquen no será extraño que las personas paralíticas puedan otorgar testamentos y firmar directamente sus propios contratos. En ese momento habrá que replantear el concepto de plena “capacidad de obrar” (la aptitud o idoneidad de una persona para ejercitar o poner en práctica sus derechos y obligaciones) requisito necesario poder celebrar válidamente actos y negocios jurídicos.

5) Problemas de propiedad intelectual y propiedad industrial

Una vez que sea posible leer la mente de las personas y realizar grabaciones de su pensamiento nos enfrentamos a un conjunto de problemas relacionados con la propiedad intelectual e industrial. ¿Qué sucede si alguien “roba” un invento o la letra de una canción al leer los pensamientos del autor o creador original? ¿Cómo se podría probar quién es el “dueño” de una idea original?

Los problemas de piratería “mental” y de espionaje “industrial” tendrán otro cariz en este nuevo escenario. El pirata o espía que acceda a la mente de otra persona sin su consentimiento tendrá acceso a sus creaciones intelectuales e industriales, y podría utilizarlas para obtener un beneficio económico en perjuicio del creador u inventor original. Con el fin de proteger tales creaciones tendría que modificarse el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual y la Ley de Patentes, con el fin de incorporar un “nuevo” tipo de infracción que implique una lesión a los derechos de autor y a los derechos del inventor, respectivamente. También habrá que cambiarse la Ley de Competencia Desleal a fin de ampliar lo que se entiende por actos de divulgación y apropiación sin autorización de secretos industriales.

 

¿Qué hemos aprendido?

La exploración de las profundidades del cerebro, tarde o temprano, nos conducirán a la telepatía. Estoy hablando de leer la mente y de la transmisión de pensamientos sin la intervención de los sentidos o de agentes físicos conocidos, entre personas que se encuentran distantes entre sí.

La ciencia ya está utilizando sensores, máquinas y cascos de última generación para leer palabras, números, imágenes y pensamientos que circulan por nuestro cerebro. Como dice Kaku, estos avances podrían alterar la manera de comunicarnos con víctimas de derrames cerebrales y de accidentes que se encuentran “atrapadas” en sus cuerpos y que son incapaces de articular sus pensamientos salvo mediante guiños.

También algún día será posible poder comunicarnos mentalmente con los ordenadores sin usar el ratón o los comandos de voz, usar el poder de la mente para llamar a otras personas por teléfono y crear sinfonías, obras de arte e inventos, y escribir artículos de blogs.

Aún es prematuro pensar en una legislación que contemple posibles soluciones legales a los riesgos mencionados derivados del uso de estas tecnologías puesto que ellas todavía no funcionan a la perfección.  Pero nunca es temprano para reflexionar sobre nuestro futuro y sobre cómo alcanzar un mundo donde el ser humano viva mejor.

Riesgos legales derivados del uso de tecnologías que permiten leer la mente
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Ricardo Oliva León. Riesgos legales derivados del uso de tecnologías que permiten leer la mente [online]. Algoritmo Legal. 09/10/2017. http://www.algoritmolegal.com/tecnologias-exponenciales/riesgos-legales-en-tecnologias-que-permiten-leer-los-pensamientos/. Consulta: [indicar la fecha en que has consultado el artículo]


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Ricardo Oliva León

Soy abogado y me dedico al Derecho mercantil, y al Derecho tecnológico y del entretenimiento. Imparto clases en cursos de postgrado, escribo y hablo sobre las cuestiones jurídicas que plantean internet y las tecnologías emergentes, emprendimiento digital, legaltech, y el lenguaje jurídico. Soy el coordinador y coautor de los libros "La Prueba Electrónica. Validez y eficacia procesal" y "Testamento ¿Digital?". He fundado @JuristasFuturo y soy el director de @LenguajeJUR. Mi cuenta de Twitter es @algoritmolegal y mi email es ricardo@lexmotive.com

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2 Respuestas

  1. Carlos Lluch dice:

    Agradezco, Ricardo, este excelente resumen de una materia que atrae el estudio de numerosos científicos actuales como la atrajo de los militares en la época de la Guerra Fría. Incluso me permitiré recomendar un curioso, extravagante, divertido y hasta inquietante libro que dio lugar a un trabajo cinematográfico titulado “Los hombres que miraban fijamente a las cabras”, de Jon Ronson.
    ¿Podemos leer la mente de los demás? Wow! ¿Quien no ha pensado en ello o ha visto a ilusionistas presentar un show con ese objeto? De hecho la CIA no se lo tomó a broma y diseñó y ejecutó el llamado “Proyecto MK Ultra” que, entre droga y droga, y con múltiples objetivos y métodos, abordó cómo hurgar en las mentes ajenas sin tomar demasiadas precauciones en materia de escrúpulos.
    Centrándonos en tu artículo, varios comentarios que despierta su lectura.
    Para empezar deberíamos prestar atención al hecho de que los autores proponen técnicas algo intrusivas, en algunos casos (lo de abrir el cráneo o implantar sensores en zonas del cerebro es algo invasivo, desde luego) y en otros, simplemente, se trata de utilizar toneladas de equipo con la inyección previa de una sustancia de contraste con tal de ver las lucecitas que enciende la imagen de una casa para luego ver si podemos reconocer ese patrón.
    Interesante.
    Pero, una imagen de una casa puede diferenciarse de otra enormemente, desencadenando un patrón distinto lo cual generaría un problema si en el futuro quiero identificar la segunda casa y solo tengo el patrón de la primera. Pero, es más, ¿van dos individuos distintos, con distintos cerebros, cargas culturales, distintas capacidades de observación y experiencias a dibujar el mismo patrón o, por el contrario, cada individuo es capaz de generar su propio diccionario? Y ¿va a obtener la misma imagen mental, es decir, el mismo patrón para la casa de la imagen (un icono sintético) que para la casa en la que nació, aquella en la que vive o aquella en la que vio cometer un crimen? ¿Qué sucederá si al ser preguntado por el asesino de repente se le aparece la imagen de su hermano quien sabe que tiene dolor de muelas y por ello está preocupado?
    El ser humano es capaz de generar idealizaciones partiendo de muy pocos elementos. Un ejemplo claro lo tenemos en la pornografía pues está claro que el usuario de un contenido pornográfico sabe que está ante una impresión a cuatricromía o un montón de píxeles pero es capaz de crear una ficción que le produce placer. En este sentido esa imagen 2D podrá crear en el cerebro algo más que unos cuantos puntos capaces de ser identificados con un patrón.
    En este momento con un casco de F15 que cuesta 450.000 USD un piloto entrenado puede seleccionar un blanco, elegir el arma, apuntar y disparar sin usar las manos ni la voz. Y mi amigo Javier Sirvent consigue con un “pulpo” de sensores que coloca sobre su cabeza pilotar un dron en un recinto solo con pensarlo. ¿Qué vendrá después? No lo sé.
    Pero sí creo que la respuesta no está en tecnología que se mida por toneladas, que sea incapaz de distinguir una imperceptible onda cerebral y ubicarla con exactitud discriminándola del ruido que generan nuestros 86 billones de neuronas que pueden generar trillones de conexiones que podemos suponer afectadas por un proceso matemático de combinaciones de permutaciones que da un contexto de opciones cuasi infinito. Tal vez con superordenadores cuánticos podamos resolver el tema pero, me temo, que eso ni siquiera sea concebible a corto plazo.
    Por cuanto a la pregunta ¿estaríamos ante datos personales protegidos? Citaré a Fernando de Rojas “A quien dices el secreto das tu libertad”.

  2. Carlos, gracias por este pedazo de comentario. Creo que deberías escribir un post sobre el tema. Tiene mucho sentido todo lo que dices. Me temo que más de lo que has dicho, sobre las “debilidades” de las tecnologías neurocientíficas analizadas, poco puedo añadir ya que, como sabes, soy jurista y no científico. Un abrazo.

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